Los masajes de mi abuela son bestiales

El otro día me enteré de que mi abuela en su época era una fiera dando masajes y le pedí que me diese uno si se veía capaz de recordar como eran. Cuando fui a su casa, me preparé para relajarme con sus manos, pero se ve que la vieja se puso cachonda al tocar mi cuerpo joven y musculoso. De hecho, la cosa subió mucho de tono y al final, tuve que follármela para sofocar ese calentón que llevaba encima.